jueves, 23 de julio de 2026

 

𝔸ℍ𝕆ℝ𝔸 𝕊𝕀, ℂ𝕆ℕ 𝔸𝔹𝔼𝕃𝔸ℝ𝔻𝕆 𝔻𝔼 𝕃𝔸 𝔼𝕊ℙℝ𝕀𝔼𝕃𝕃𝔸, 𝕃𝔸 𝕊𝕌𝕄𝕀𝕊𝕀𝕆ℕ 𝔸ℕ𝕋𝔼 𝔼𝕃 𝕀𝕄ℙ𝔼ℝ𝕀𝔸𝕃𝕀𝕊𝕄𝕆 ℕ𝕆ℝ𝕋𝔼𝔸𝕄𝔼ℝ𝕀ℂ𝔸ℕ𝕆 𝕊𝔼 𝔼𝕏𝕀𝔹𝔼 𝕊𝕀ℕ ℝ𝕆𝔻𝔼𝕆𝕊 ℕ𝕀 𝔸ℝ𝕋𝕀𝔽𝕀ℂ𝕀𝕆𝕊

El sometimiento a los EE. UU. siempre fue vocación oligárquica; en tiempos recientes, a esa vocación se agregó el miedo por los belicosos coletazos de la hegemonía norteamericana herida de muerte.

De la Espriella y sus tres miedos

Pero el presidente electo no sólo tiene miedo a los Estados Unidos y se esforzará para serles suficientemente agradable, aceptándoles a sus funcionarios hasta la más mínima insinuación; de seguro Delcy Rodríguez, puesta por Trump al mando de Venezuela, le servirá de faro; de hecho, ya nombró embajador en aquel país. De la Espriella ausculta hasta el más ínfimo de los gustos de D. Trump para complacerlo: Se pone de lado de los genocidas de Gaza, le parece acertado desconocer la ONU, denunciar la CPI, matar inmigrantes; le ofrece nuevas bases militares en Colombia, con un denominado Plan Patriot 2.0, sumará el país a los 19 lacayos que integran el “Escudo de las Américas”[i] … En fin, sus deseos son órdenes, señor Trump.

Los otros dos miedos del próximo presidente son ante las fuerzas armadas y frente al pueblo. En el corto tiempo que lleva electo, resalta su adulación a las fuerzas armadas, tal vez recordando los sucesos del pasado tres de enero en Caracas, cuando, con la traición de las fuerzas armadas chavistas de Venezuela, se facilitara a los yanquis el cruento secuestro del presidente Maduro. Así es, la hegemonía norteamericana que, en sus estertores, pierde terreno en buena parte del planeta, hará lo que sea necesario para aferrarse en su “𝑝𝑎𝑡𝑖𝑜 𝑡𝑟𝑎𝑠𝑒𝑟𝑜” y no parará mientes contra estos gobiernos, por más que se desborden en adulaciones[ii] al inquilino de la Casa Blanca. Pero además, De la Espriella necesita a las fuerzas armadas para sofocar sin miramientos la rebeldía popular; ello implica que el nuevo 𝑐𝑜𝑚𝑎𝑛𝑑𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑒𝑛 𝑗𝑒𝑓𝑒 deba tenerlas muy satisfechas, máxime cuando, en aras de la “paz total”, el presidente saliente, desdeñando al ejército institucional, honró a los “ejércitos” por fuera de la ley, y, durante sus cuatro años de gobierno, no dudó en reivindicar, con desprecio por las víctimas, su militancia en uno de aquellos oscuros y réprobos “ejércitos” que dejara miles de viudas y huérfanos.

Pretendiendo reprimir su tercer miedo, miedo a la furia popular que desencadenarán sus medidas contra la nación y el pueblo, De la Espriella utiliza la primigenia religiosidad que, sabemos muy bien, ejerce como sedante del populacho[iii]. No deja de arrodillarse y rezar en iglesias, basílicas, catedrales y santuarios que se atraviesen en su “peregrinación”, y hasta Petro, que por conveniencia abjurara del ateísmo, facilitó al electo presidente el despliegue de su obsceno y demagógico catolicismo, declarando un nuevo día festivo en honor a la “Virgen de Chiquinquirá”. En la llamada ciudad mariana, De la Espriella, dobló rodillas ante la “patrona de Colombia”, escoltado por prensa, radio, televisión y cuanto medio de comunicación que aspira a la pauta publicitaria oficial. En fin, dios por aquí, dios por allí, dios por más allá.

 “Patria Milagro”

Según De la Espriella, su “patria milagro” —que exigirá sacrificios, ¿hum? nuevas reformas tributarias, alza en precio de los combustibles, impuestos, etc.— brotará sobre las turbulencias del país que, para este tarado en historia son obra del cuatrienio que expira; no, Abelardo, son el producto de más de 120 años de servilismo oligárquico ante el amo del norte, servilismo que, como estaba previsto, su gobierno prolongará con lujo de detalles; así que dentro de cuatro años, a menos que el pueblo se lo impida, en vez de milagro, ¡desastre!

Por supuesto que recibe un país desajustado y tendrá que actuar: para lograr lo suyo y lo de los suyos, en consonancia con aquel pensamiento popular “𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑔𝑜𝑏𝑖𝑒𝑟𝑛𝑜 𝑠𝑒𝑟á 𝑝𝑒𝑜𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑢 𝑎𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟



[ii] O como acostumbra a envilecerlos el propio Trump: “me besan el trasero”

[iii] Como escribiera Marx: “La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo

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