lunes, 17 de agosto de 2026

𝔸𝕝𝕘𝕠 𝕧𝕒 𝕖𝕟𝕥𝕣𝕖 𝕖𝕝 𝕘𝕠𝕓𝕚𝕖𝕣𝕟𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕟𝕠𝕤 𝕥𝕠𝕔ó 𝕪 𝕖𝕝 𝕘𝕠𝕓𝕚𝕖𝕣𝕟𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕟𝕠𝕤 𝕥𝕠𝕔𝕒

Aun prevaleciendo el aspecto principal, cual es la obediencia a los requerimientos e intereses de la potencia del norte, conviene auscultar entre los matices que diferencian a los dos gobernantes para advertir las nefastas medidas que se avecinan. Y es de resaltar que los matices entre el saliente y el entrante se corresponden según las diferencias entre los inquilinos de turno en la Casa Blanca: Petro no ocultó su afinidad con los demócratas, De la Espriella se pliega anticipadamente a los despóticos caprichos del republicano D. Trump.

De la posesión y discurso de Abelardo de la Espriella, el 7 de agosto pasado (duración hora 20 minutos), en el Batallón Pichincha de Cali, para donde salió en helicóptero, dejando en el recinto a los invitados que debieron escuchar el discurso en unas pantallas, veamos:

- Regiones, descentralización: aunque la retórica descentralista data de la Constituyente que concluyera con la promulgación de la Constitución de 1991, a De la Espriella se le convirtió en obsesión, de hecho logró que el Congreso le aprobara posesionarse en Cali. Desde el momento en que fracasara el empalme con el gobierno saliente, no paró de reunirse con alcaldes y gobernadores para copiarles sus pliegos petitorios; si agregamos la nominación de Barranquilla como sede alterna presidencial, el verdadero mensaje puede ser: “autonomía regional”. Esto mismo se le escucha a cuanto personaje se halle en trance electoral; todos parlotean por la descentralización, cuando el trasfondo sigue estando en los propósitos antinacionales insertos en la Constitución de 1991, particularmente en el art. 306: «𝐷𝑜𝑠 𝑜 𝑚𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑝𝑎𝑟𝑡𝑎𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑝𝑜𝑑𝑟𝑎𝑛 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑡𝑖𝑡𝑢𝑖𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑔𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑎𝑑𝑚𝑖𝑛𝑖𝑠𝑡𝑟𝑎𝑡𝑖𝑣𝑎𝑠 𝑦 𝑑𝑒 𝑝𝑙𝑎𝑛𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛, 𝑐𝑜𝑛 𝑝𝑒𝑟𝑠𝑜𝑛𝑒𝑟𝑖𝑎 𝑗𝑢𝑟𝑖𝑑𝑖𝑐𝑎, 𝑎𝑢𝑡𝑜𝑛𝑜𝑚𝑖𝑎 𝑦 𝑝𝑎𝑡𝑟𝑖𝑚𝑜𝑛𝑖𝑜 𝑝𝑟𝑜𝑝𝑖𝑜. 𝑆𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑜 𝑝𝑟𝑖𝑛𝑐𝑖𝑝𝑎𝑙 𝑠𝑒𝑟𝑎 𝑒𝑙 𝑑𝑒𝑠𝑎𝑟𝑟𝑜𝑙𝑙𝑜 𝑒𝑐𝑜𝑛𝑜𝑚𝑖𝑐𝑜 𝑦 𝑠𝑜𝑐𝑖𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑒𝑐𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑡𝑒𝑟𝑟𝑖𝑡𝑜𝑟𝑖𝑜».; que, traducido a buen romance, como ya lo advertía Francisco Mosquera S. (1943-1994): el objetivo es desmembrar la república unitaria para lograr más cómodo y profundo el saqueo y sometimiento a los intereses norteamericanos y a los parásitos financieros BM, FMI, BID, etc. Así que la descentralización pretendida por el “verdugo de turno” puede tornarse en autonomías regionales mediante la constitución de 𝑟𝑒𝑔𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑎𝑑𝑚𝑖𝑛𝑖𝑠𝑡𝑟𝑎𝑡𝑖𝑣𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑝𝑙𝑎𝑛𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛 (𝑅𝐴𝑃), ver imagen, 

que en el fondo socaban la unidad nacional, contra lo cual debemos combatir todos los sectores antiimperialistas. Una cosa es propiciar en los departamentos y municipios la planeación y ejecución de sus asuntos internos y otra muy distinta es darles autonomía para que por encima de Bogotá pacten los asuntos concernientes a la autoridad nacional que debe prevalecer sobre todo en materia internacional. Además discrimina al país por regiones según sus recursos, estableciendo regiones ricas que arrastrarán tras de sí privilegios frente a regiones pobres con población condenada a la precariedad y subordinación. Y, el sistema de regalías que determina traslado de recursos de las regiones más favorecidas por la naturaleza hacia las regiones de menos recursos desaparecería.

- Patria Milagro: es un eufemismo para decir que sus medidas transformarán al país. En toda campaña electoral y correspondiente cuatrienio de gobiernos pasados se les oye parecido a cada nuevo presidente. Sin embargo, cual sentencia popular de vieja data: «todo gobierno siempre fue peor que el anterior».

- Seguridad y fuerzas armadas: ante todo, es pertinente recordarles a tantos entusiastas de la política de seguridad del presidente De la Espriella que, como lo demuestra la historia —no sólo la nacional, sino la historia universal—, las fuerzas armadas se instituyeron por la necesidad de proteger los intereses de las clases dominantes (en nuestro caso, la oligarquía y los grandes terratenientes). Así que, la mencionada lucha contra el crimen, en realidad, se diseña y recae contra la población inerme, contra los menesterosos que luchan por derechos y mejores condiciones de vida; en fin, repite contra la rebeldía popular. De la Espriella, en su discurso, consciente del rechazo mayoritario a los bochornosos procederes y resultados ominosos de la «paz total» del ex Gustavo Petro, posa «duro» contra los criminales, colma de adulaciones a la fuerza pública y les promete recursos, muchos recursos, defensa jurídica y garantías (¿impunidad?) por delitos en «cumplimiento de su deber». Anuncia que «se acaban las negociaciones con los criminales», que «no más diálogos de paz»; ¡qué bien! pero ¿cumplirá?, porque tales negociaciones llevan más de 50 años en sin que su repetición haya sonrojado a algún presidente de Colombia.

Dice que no a la JEP ¡si pudiera cumplir!, porque habrá que recordarle que esa “justicia especial” y de impunidad está inserta hasta los tuétanos en la constitución y acuerdos internacionales. Ahora bien, tal vez, millones de personas se entusiasmen con el anuncio del presidente de reprimir el crimen y a los delincuentes, –curiosa coincidencia con la agenda intervencionista de seguridad norteamericana- que nos lleva al temor que sienten en todo el 𝑝𝑎𝑡𝑖𝑜 𝑡𝑟𝑎𝑠𝑒𝑟𝑜 a que los cuarteles traicionen y se utilicen (como en Venezuela) contra los presidentes y los derroquen cuando el inquilino de turno de la Casa de Nariño no satisfaga plenamente los requerimientos de la Casa Blanca. De tal temor deriva la adhesión anticipada de De la Espriella a la iniciativa “Escudo de la Américas” con el que Trump robustecerá su control militar del Continente. Aquí vale recordar que las cúpulas militares y de policía desde tiempos inmemoriales son educadas en las escuelas del Comando Sur yanqui y permanentemente seducidas en los foros internacionales que el Pentágono convoca y financia.

- Narcotráfico: la farsa de la tal lucha contra el narcotráfico, que en Colombia ya casi completa 50 años, es uno de sus principales temas de gobierno (Petro estuvo a la misma altura, sobre todo después del secuestro de Maduro), porque es una exigencia de Trump, como fórmula para justificar la intromisión y vigilancia del continente, particularmente en estos últimos tiempos por la imperiosa necesidad de 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟 𝑎 𝐶ℎ𝑖𝑛𝑎, país que firma acuerdos y promueve negocios en los cinco continentes, desplazando los desgastados y obsoletos tentáculos de la otrora potencia mundial. A los gringos se les “escapa” su hegemonía planetaria y por eso Trump aprieta con desespero en su 𝑝𝑎𝑡𝑖𝑜 𝑡𝑟𝑎𝑠𝑒𝑟𝑜. La farsa se explica además porque tanto en Colombia como en los Estados Unidos precisan del dinero de aquellas drogas: aquí participa con casi el 5% del PIB y allá se quedan con más del 90% de los ingresos del ilícito negocio. En Colombia circula dinero de la “𝑑𝑟𝑜𝑔𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑚𝑎𝑡𝑎” en mayor cantidad que por exportaciones de petróleo (catorce mil millones de dólares) o por remesas recibidas del exterior (13.000 millones de dólares).

- Política exterior: De la Espriella hará todo lo que disponga el inquilino de la Casa Blanca que especialmente contribuya a la ya mencionada 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜𝑛 𝑑𝑒 𝐶ℎ𝑖𝑛𝑎; dice que sacará a Colombia del “memorándum de entendimiento” con el que Petro inscribiera al país en la iniciativa de la denominada 𝑛𝑢𝑒𝑣𝑎 𝑟𝑢𝑡𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑒𝑑𝑎 china. Dice que privilegiará relaciones con las democracias (tipo Israel, que no ha parado el genocidio en Gaza, sobre todo de niños, “porque algún día crecerán y se vengarán”). Como lo hizo Trump, este cipayo criollo también trasladará la embajada de Tel-Aviv a Jerusalén. Muy solícito y aplicado estuvo el vice Restrepo en los EE. UU. con la banca multilateral (FMI, BM, BID, CAF), comprometiéndose a incrementar la onerosa deuda pública dejada por Petro. Se sabe, por los análisis de los expertos, que la deuda externa es el prototipo del saqueo de un país, tal como la anotara entre las venas abiertas de América Latina el escritor uruguayo Eduardo Galeano. En fin, es grotesco el servilismo mostrado por De la Espriella, lo que ha de redundar en el desprecio de las masas laboriosas y auge de la lucha antimperialista.

- Corrupción: la anticorrupción es la promesa de siempre y de todos, pero que nadie cumple porque ellos mismos, por naturaleza, son corruptos.

- Minas y energía: Pareciera coherente De la Espriella en esta materia: dice sí a energías renovables, sin que por ello haya que renunciar a los recursos bajo tierra; permitirá la extracción de combustibles mediante fracturación hidráulica (fracking), con todas ¡humm! las técnicas medioambientales —miente a todas luces, porque el producto fracking puede costar hasta 50 dólares el barril y no podrá competir con los de extracción convencional que cuestan entre 4, 10, 12 y 14 dólares, según el país productor—; dice que rescatará a Ecopetrol, lo que suena creíble, porque esta empresa aporta a las finanzas públicas lo que ninguna otra fuente de recursos; ha sido como la vaca lechera para los gobiernos y descuidarla es de mentes dementes.

- Déficit fiscal: Como recibe la olla raspada por el despilfarro petrista, sobre todo de los últimos meses, dice De la Espriella que tiene listo el decreto para congelar gasto público y recortes en el presupuesto: «amanecerá y veremos, dijo el ciego». ¿Lo hará?¿Cómo, dónde? Por lo general, cuando platican sobre recortes, realmente están pensando en reducir los gastos sociales (salud, recreación, deportes, educación, etc.); esta es la experiencia de los pueblos, no solo de Colombia, sino la experiencia universal. Dijo que eliminará el impuesto al patrimonio, lo que, aparte de congraciarse con sus compinches grandes propietarios, otra gracia no tiene, dado que su aporte al presupuesto general de la nación es de máximo billón y medio de pesos.

- El campo: Dice de la Espriella que convertirá la Orinoquía (concretamente el departamento de Vichada) en el Mato Grosso colombiano, para referirse al estado brasileño que en un par de décadas se transformó en el proveedor, entre otros productos, del 12% de la soja mundial. Es de recordar que ya otros mandatarios (Uribe Vélez) se han referido a la Orinoquía como la “altillanura” que ha de entregarse a “grandes empresarios” para la economía de escala (producción en grandes cantidades); el problema radica en las costosas inversiones que debe hacerse, sobre todo en infraestructura, los interesados en el negocio exigen al gobierno su financiación y, platica no hay.

Al campesinado, le promete lo de siempre: apoyo con crédito, asistencia técnica, facilidades de comercialización, bla, bla, bla, encubriendo que: 1- la importación creciente de alimentos, (actualmente 14 millones toneladas al año), que los agricultores nacionales pueden producir; 2- que el campo nunca surgirá sin la revolución agraria que pasa por: ¡la tierra para el que la trabaja!, a partir de expropiarles a los grandes terratenientes “sus” tierras sin cultivar.

- Industria: Promete lo de siempre, apoyo a todos: grandes, pequeños y medianos pero no se refiere a la industria pesada base del desarrollo de un país ni a la industria que en Colombia podemos desarrollar sólo sobre el entendido que se controlen las importaciones.

- Educación: No permitirá el adoctrinamiento en el aula, tal vez lo dice pensando en reprimir la tradición de lucha magisterial en cabeza de Fecode, que aunque venida a menos en las tres últimas décadas y suspendida en el cuatrienio petrista, en cualquier momento puede resurgir. Al margen de lo anterior, De la Espriella ignora que toda la superestructura de una sociedad (educación incluida) irradia, contiene y reproduce su ideario; el sistema capitalista nos mete hasta los tuétanos su ideología; los profesores, en su inmensa mayoría, profesan y reproducen el credo burgués, se portan como burgueses (𝐿𝑎𝑠 𝑖𝑑𝑒𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑐𝑙𝑎𝑠𝑒 𝑑𝑜𝑚𝑖𝑛𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑠𝑜𝑛, 𝑒𝑛 𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑒𝑝𝑜𝑐𝑎, 𝑙𝑎𝑠 𝑖𝑑𝑒𝑎𝑠 𝑑𝑜𝑚𝑖𝑛𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠”); en ello el sistema educativo del régimen, su régimen, señor presidente, no tiene problemas, máxime si nombró ministra de educación a una cristiana profesa. Ahora bien, a la escuela se va a aprender, a investigar; nadie debe apoyar que se utilicen las aulas para echar carreta en reemplazo y menosprecio de las ciencias; en el programa cultural revolucionario se lee: «𝑎𝑝𝑜𝑦𝑎𝑟 𝑢𝑛𝑎 𝑟𝑒𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑒𝑑𝑢𝑐𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑝𝑜𝑝𝑢𝑙𝑎𝑟 𝑦 𝑑𝑒𝑚𝑜𝑐𝑟𝑎𝑡𝑖𝑐𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑖𝑚𝑢𝑙𝑒 𝑙𝑎 𝑖𝑛𝑣𝑒𝑠𝑡𝑖𝑔𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛 𝑐𝑖𝑒𝑛𝑡𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎 𝑦 𝑞𝑢𝑒 𝑖𝑚𝑝𝑢𝑙𝑠𝑒 𝑒𝑙 𝑓𝑙𝑜𝑟𝑒𝑐𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑢𝑛𝑎 𝑐𝑢𝑙𝑡𝑢𝑟𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑖𝑟𝑣𝑎 𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑒𝑠𝑒𝑠 𝑠𝑢𝑝𝑟𝑒𝑚𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑙𝑖𝑏𝑒𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛 𝑛𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙».

- Cultura: Dice De la Espriella que dará una batalla cultural para recuperar el valor de la familia (¿familia patriarcal?), el amor por la patria, a Dios, volver por el mérito, la disciplina, -¿qué de ello logrará?, ¿qué de ello servirá?, porque no estamos en la Edad Media-. O ¿nos va a poner a discutir nimiedades, mientras las medidas económicas contra la nación y el pueblo nos las empaca por debajito? La tradición familiar arruma a las mujeres en el hogar; sin embargo, el gabinete ministerial lo compuso con 50% de ellas: o lo traiciona el subconsciente, señor Abelardo, o la mentada tradición sólo cobija a las mujeres de abajo. Una anécdota: Keiko Fujimori (mujer), presidente del Perú que también recién se posesionó, nombró 16 hombres y 2 mujeres en su gabinete. En fin, “volver por las tradiciones familiares” fuese una aspiración loable si se limitara al rechazo a esa pretensión de extender al dominio humano en general y de obligatorio patrocinio institucional algunas conductas que, por el contrario, no deben rebasar el dominio individual y los gustos personales. Por fortuna, tal pretensión merodea sólo por aquí en el llamado occidente y se corresponde con un modelo económico financiarista rumbo al colapso.

Finalmente, es pertinente recordar que los gobernantes omiten anunciar muchas medidas, porque, siendo impopulares, generan resistencia, pero a su debido tiempo lo intentarán; este que inicia nos tiene mucho ahí guardado. Y, así será, liberará de ataduras a la rebeldía popular.

 

 

jueves, 23 de julio de 2026

 

𝔸ℍ𝕆ℝ𝔸 𝕊Í, ℂ𝕆ℕ 𝔸𝔹𝔼𝕃𝔸ℝ𝔻𝕆 𝔻𝔼 𝕃𝔸 𝔼𝕊ℙℝ𝕀𝔼𝕃𝕃𝔸, 𝕃𝔸 𝕊𝕌𝕄𝕀𝕊𝕀Óℕ 𝔸ℕ𝕋𝔼 𝔼𝕃 𝕀𝕄ℙ𝔼ℝ𝕀𝔸𝕃𝕀𝕊𝕄𝕆 ℕ𝕆ℝ𝕋𝔼𝔸𝕄𝔼ℝ𝕀ℂ𝔸ℕ𝕆 𝕊𝔼 𝔼𝕏H𝕀𝔹𝔼 𝕊𝕀ℕ ℝ𝕆𝔻𝔼𝕆𝕊 ℕ𝕀 𝔸ℝ𝕋𝕀𝔽𝕀ℂ𝕀𝕆𝕊

El sometimiento a los EE. UU. siempre fue vocación oligárquica; en tiempos recientes, a esa vocación se agregó el miedo por los belicosos coletazos de la hegemonía norteamericana herida de muerte.

De la Espriella y sus tres miedos

Pero el presidente electo no sólo tiene miedo a los Estados Unidos y se esforzará para serles suficientemente agradable, aceptándoles a sus funcionarios hasta la más mínima insinuación; de seguro Delcy Rodríguez, puesta por Trump al mando de Venezuela, le servirá de faro; de hecho, ya nombró embajador en aquel país. De la Espriella ausculta hasta el más ínfimo de los gustos de D. Trump para complacerlo: Se pone de lado de los genocidas de Gaza, le parece acertado desconocer la ONU, denunciar la Corte Penal Intrernacional (CPI), matar inmigrantes; le ofrece nuevas bases militares en Colombia, con un denominado Plan Patriot 2.0, sumará el país a los 19 lacayos que integran el “Escudo de las Américas”[i] … En fin, sus deseos son órdenes, señor Trump.

Los otros dos miedos del próximo presidente son ante las fuerzas armadas y frente al pueblo. En el corto tiempo que lleva electo, resalta su adulación a las fuerzas armadas, tal vez recordando los sucesos del pasado tres de enero en Caracas, cuando, con la traición de las fuerzas armadas chavistas de Venezuela, se facilitara a los yanquis el cruento secuestro del presidente Maduro. Así es, la hegemonía norteamericana que, en sus estertores, pierde terreno en buena parte del planeta, hará lo que sea necesario para aferrarse en su “𝑝𝑎𝑡𝑖𝑜 𝑡𝑟𝑎𝑠𝑒𝑟𝑜” y no parará mientes contra estos gobiernos, por más que se desborden en adulaciones[ii] al inquilino de la Casa Blanca. Pero además, De la Espriella necesita a las fuerzas armadas para sofocar sin miramientos la rebeldía popular; ello implica que el nuevo 𝑐𝑜𝑚𝑎𝑛𝑑𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑒𝑛 𝑗𝑒𝑓𝑒 deba tenerlas muy satisfechas, máxime cuando, en aras de la “paz total”, el presidente saliente, desdeñando al ejército institucional, honró a los “ejércitos” por fuera de la ley, y, durante sus cuatro años de gobierno, no dudó en reivindicar, con desprecio por las víctimas, su militancia en uno de aquellos oscuros y réprobos “ejércitos” que dejara miles de viudas y huérfanos.

Pretendiendo reprimir su tercer miedo, miedo a la furia popular que desencadenarán sus medidas contra la nación y el pueblo, De la Espriella utiliza la primigenia religiosidad que, sabemos muy bien, ejerce como sedante del populacho[iii]. No deja de arrodillarse y rezar en iglesias, basílicas, catedrales y santuarios que se atraviesen en su “peregrinación”, y hasta Petro, que por conveniencia abjurara del ateísmo, facilitó al electo presidente el despliegue de su obsceno y demagógico catolicismo, declarando un nuevo día festivo en honor a la “Virgen de Chiquinquirá”. En la llamada ciudad mariana, De la Espriella, dobló rodillas ante la “patrona de Colombia”, escoltado por prensa, radio, televisión y cuanto medio de comunicación que aspira a la pauta publicitaria oficial. En fin, dios por aquí, dios por allí, dios por más allá.

 “Patria Milagro”

Según De la Espriella, su “patria milagro” —que exigirá sacrificios, ¿hummm? nuevas reformas tributarias, alza en precio de los combustibles, impuestos, etc.— brotará sobre las turbulencias del país que, para este tarado en historia son obra del cuatrienio que expira; no, Abelardo, son el producto de más de 120 años de servilismo oligárquico ante el amo del norte, servilismo que, como estaba previsto, su gobierno prolongará con lujo de detalles; así que dentro de cuatro años, a menos que el pueblo se lo impida, en vez de milagro, ¡desastre! ... en consonancia con aquel pensamiento popular de vieja data "todo gobierno será peor que su anterior"

Por supuesto que recibe un país desajustado y tendrá que actuar, recomponer mil cosas, incluido, por supuesto, lo suyo y lo de los suyos.



[ii] O como acostumbra a envilecerlos el propio Trump: “me besan el trasero”

[iii] Como escribiera Marx: “La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo

lunes, 15 de junio de 2026

 

ℕ𝕆 ℍ𝔸𝕐 𝕄𝔸𝕃 ℚ𝕌𝔼 ℙ𝕆ℝ 𝔹𝕀𝔼ℕ N𝕆 𝕍𝔼ℕ𝔾𝔸

Ahora que la falsa izquierda o “𝑝𝑟𝑜𝑔𝑟𝑒𝑠𝑖𝑠𝑚𝑜” ha caído en casi toda Sudamérica para reinstalarse la vieja derecha, hace factible también un escenario ideológicamente esclarecedor y luminoso para los pueblos abajo del Río Bravo del norte. Y es que el peor resultado para la población bajo estos gobiernos fue el conformismo ciudadano con las reformas que aplaza la revolución antiimperialista y antioligárquica, revolución que ha de refrendar los verdaderos cambios y convertir en perdurables las efímeras conquistas. Sin que las reformas logradas por la lucha popular sobren, es necesario convencerse de que ellas han de servir no para acomodarse ni guardarse ilusiones sobre el porvenir, sino para utilizarlas como enlace tras las soluciones definitivas que sólo pueden darse a partir de la expulsión norteamericana de nuestras tierras, del aplastamiento de la oligarquía y la expropiación de los grandes terratenientes. Los gobiernos “𝑝𝑟𝑜𝑔𝑟𝑒𝑠𝑖𝑠𝑡𝑎𝑠”, se instalaron con aval norteamericano en su “𝑝𝑎𝑡𝑖𝑜 𝑡𝑟𝑎𝑠𝑒𝑟𝑜” para resolverle apremios puntuales al imperialismo: ora para reemplazar las otrora “eficientes” tiranías, ora para paliar las convulsiones económicas capitalistas, ora para desarmar la rebeldía popular y, en todo caso, para cubrir con toneladas de lodazal la ideología del proletariado, el marxismo-leninismo; para este tan sustancial objetivo imperialista fue particularmente eficiente el impostor izquierdista o “𝑝𝑟𝑜𝑔𝑟𝑒𝑠𝑖𝑠𝑚𝑜”, hasta el colmo de hoy que los “marxistas” de ayer —tipo Iván Cepeda— consideran deshonroso que les llamen comunistas.

Hoy en el planeta entero se comprende mejor la esencia verdadera de los Estados Unidos, porque el inquilino de turno de la Casa Blanca, Donald Trump, no se toma la molestia de ocultar las siniestras medidas* a ejecutar para paliar los reveces como potencia hegemónica que sucumbe después de una centuria larga de agresión y expoliación de los pueblos del mundo y particularmente aquí en lo que Washington considera su patio trasero. A sí mismo, en Latinoamérica, el escenario sin " 𝑝𝑟𝑜𝑔𝑟𝑒𝑠𝑖𝑠𝑚𝑜 " y con personajes de la cloaca -tipo de la Espriella- es favorable para las huestes revolucionarias, porque con estos confesos tiranuelos, los pueblos podrán reconocer mejor la fuente de sus miserias y el blanco de sus batallas. Lo que los lacayos del imperialismo con ropaje progresista lograban encubrir, la desfachatez de sus relevos lo pone todo al descubierto, y ¡que los pueblos obren en consecuencia¡ Con Milei en Argentina, Kast en Chile, Noboa en Ecuador, Paz en Bolivia, Keiko Fujimori en Perú, De la Espriella en Colombia, aplicando tan nefastas medidas contra sus pueblos y naciones y sin sonrojo mostrando su papel servil a las clases dominantes criollas intermediarias del imperialismo, ha de despejarse la conciencia nacional y popular y, tal vez, regrese y fructifique la rebeldía de los destechados.

*He aquí las más recientes atrocidades yanquis que Trump presenta como virtuosas: El secuestro del presidente de Venezuela (incluido centenar de muertos), Nicolás Maduro y sucesivos chantajes contra los países y gobernantes que no se le sometan lo suficiente … El cerco militar y económico contra la pequeña isla de Cuba … La agresión a Irán con destrucción y miles de civiles muertos … La participación y prolongación a través de la OTAN de la guerra en Ucrania … El genocidio en Gaza cometido juntamente con Netanyahu y el régimen sionista israelí … Afortunadamente, la resistencia iraní a los dos agresores les está dando la victoria a los ayatolas a tal punto que Trump, para disimular su derrota lleva ya varias semanas mendigando por un acuerdo.

𝐴𝑑𝑒𝑛𝑑𝑎: aún gobiernan los “𝑝𝑟𝑜𝑔𝑟𝑒𝑠𝑖𝑠𝑡𝑎𝑠” en los dos países más importantes de la región, Brasil y Méjico ¿Cederán estos a la tendencia por el relevo? La cuestión brasileña merece una acotación: Brasil es una potencia regional, pertenece a la poderosa y geoestratégica asociación los BRICS+ y, si sumamos las profundas relaciones comerciales que tiene con el gigante asiático, China (que ya hace años es su principal socio comercial), el presidente Lula da Silva puede darse el gustico de objetar algunos ucases norteamericanos, competirles en puntuales ramas de la economía y desdeñar las gallerías del gallo de turno en la Casa Blanca.




miércoles, 8 de abril de 2026

 

PARTICIPANDO EN EL DEBATE ELECTORAL

Hagamos del debate electoral un cursillo que eduque a las masas, proponía el dirigente revolucionario Francisco Mosquera S. (1943-1994) al observar que los colombianos, siendo en este período muy proclives a escuchar los planteamientos políticos; animaba a los marxistas y revolucionarios a que aprovecharan la campaña, de una parte para exponer ante las masas trabajadoras su pensamiento y sus programas y desvelar las artimañas con que los regímenes oligárquicos hasta el presente nos han gobernado, y de otra para proponer la forma de organizarnos para derribar este Estado y sus instituciones al servicio del imperialismo norteamericano, con el que los colombianos nunca lograremos un futuro de progreso y bienestar. Pues bien, como vivimos en un país donde la clase dominante —oligarquía y terratenientes— mediante el gobierno del cambio se ha mantenido bajo yugo estadounidense, tampoco, entonces, la problemática relevante del país podía resolverse.

Los matices administrativos y reformas introducidos por el actual inquilino de la Casa de Nariño, además de desorientar a una gran masa de colombianos, ejecutan la agenda diseñada desde Washington para honra y mejora de los intereses extranjeros establecidos, que, por supuesto, se contraponen al interés nacional. Veamos: 

No obstante, algunos miles de hectáreas compradas con el dinero de los contribuyentes —¡léase bien, compradas!— y entregadas a los campesinos, en el campo la gran propiedad terrateniente improductiva sigue siendo la norma, como ausente el remedio contra atraso y adversidades del agro; el remedio empezaría con la aplicación de la consigna "la tierra para el que la trabaja", es decir, que se expropien —¡léase bien, expropien!—los terrenos ociosos y se les entregue a los campesinos pobres para que los trabajen, eso sí, agregando el compromiso de reducir la importación de alimentos para que el mercado, antes que otras especies, absorba la producción agrícola nacional. De otro lado, inviernos y veranos alternadamente asolan los campos dada la infraestructura inapropiada o con viejas construcciones incapaces de soportar los fenómenos naturales que de antemano, cual crónica de una muerte anunciada, los climatólogos advierten dónde y cuándo desatarán sus furias. 

La industria nacional día a día se recrudece en competencia desigual con las mercancías extranjeras que con suma facilidad copan nuestros mercados debido a los privilegios oficiales a la intermediación con las multinacionales extranjeras, a tal punto que un empresario criollo para sobrevivir ha de reducir la planta de personal y debilitar sus negocios hasta la informalidad. 

Los colombianos, prácticamente, no hemos tenido paz desde los mismos estertores de la Guerra de los mil días. En los cinco últimos lustros del siglo XX y lo transcurrido del presente siglo, las mal llamadas guerrillas, al constatar que por el mayor rechazo que simpatía popular, ninguna de sus guerras podían ganar, de una parte convergen en la práctica del delito, incluidas sus más siniestras variedades; de otra parte, canturrean a coro las intrascendentes proclamas de paz y derechos humanos, de tal suerte que llevan 50 años ininterrumpidos en negociaciones con el gobierno de turno. El capítulo más reciente lo denominó el presidente Petro como la paz total y ya vemos los resultados: los grupos fuera de la ley se fortalecen a la par que excarcelan criminales y les exoneran de sus delitos para renombrarlos gestores de paz; nombran estéril burocracia, dilapidan dinero, realizan reuniones a granel —aquí y en cualquier parte del mundo— y copan los titulares de prensa, sin que en los casi cuatro años de gobierno se mermaran las distintas modalidades del delito: masacres, paros armados, asonadas contra la actuación del estamento militar, secuestro, asesinato, extorsión, etc. En paralelo, la ciudadanía clama a gritos por seguridad frente a toda clase de delitos “comunes” en calles y veredas. 

La tan mentada lucha de los EE.UU. contra las drogas, que el presidente Petro en algún momento de lucidez calificó como una farsa, entre otras razones porque es en aquel país donde se quedan los dividendos del suculento negocio, terminó aceptando su escondido propósito: atemorizar al gobierno colombiano para que con mayor prontitud acatase los requerimientos de Washington en la materia que fuese.

 En fin, que si la democracia, como aseguran, se reconoce en las urnas, lo cierto es que no armoniza con esa abstención electoral endémica (50%) ni con la persistente precariedad de las mayorías laboriosas

Nunca será suficiente insistir que la solución de los problemas principales del país y sus gentes no se dará mientras persista la subordinación de las clases dominantes y gobernantes a los intereses de Norteamérica, país que, en el límite de la degradación, satisface sus más siniestros apetitos utilizando los pertrechos que mejor le funcionen: desde la violencia militar directa hasta el sabotaje, la corrupción y el soborno. De boca de los candidatos a la presidencia brotan las falencias que nos aquejan, pero la falta de soberanía nacional, misma que ninguno de ellos menciona, impedirá las soluciones que parlotean. Con estos personajes, sean de la vieja como de la “nueva derecha” —falazmente calificada como izquierda—, el atraso, la informalidad, la violencia e inseguridad, la corrupción, el apetito alcabalero, etc., no cederán; y tampoco perdurarán en el tiempo las pretendidas bondades de las reformas petristas.

Qué confianza nos puede merecer alguno de los 14 candidatos a la presidencia como para votar por él, cuando en esta campaña electoral no se les ha oído una sola condena a las violentas acciones del imperialismo norteamericano que, en cabeza del actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, con saña agrede a los pueblos creyendo librar a los yanquis de lo inevitable: el colapso de su hegemonía planetaria. La potencia a la que la dirigencia colombiana le ha obedecido por más de 100 años es la misma que le financia y arma al sionista gobierno israelí para la desaparición del pueblo palestino, misma que el 3 de enero violentó a Venezuela, donde, soportado en la traición de la cúpula chavista, cometió una masacre para secuestrar a su presidente Nicolás Maduro, misma que el pasado 28 de febrero iniciara con Israel la agresión a Irán asesinando al líder supremo, el ayatola Alí Jamenei y familia y masacrara a 160 niñas que estudiaban en una escuela, misma potencia que, a la cabeza de la OTAN y utilizando a la lacaya dirigencia de Ucrania, asedia a Rusia comprometiendo su existencia autónoma . Por fortuna, algunos países soberanos —China, Federación Rusa e Irán— le han plantado a los yanquis una inteligente, tenaz y exitosa resistencia que con el tiempo el mundo entero les reconocerá.

Ahora bien, no esperemos a que, en ancas de unas elecciones, algún dirigente con claridad sobre la problemática nacional e internacional de pronto llegue a la Casa de Nariño y lo resuelva todo, lo que se espera de un candidato a la presidencia es que no engañe a la población con promesas falsas y anodinas y, a cambio, consultando la realidad del país, se comprometa a recuperar los mínimos principios de independencia y soberanía ante el imperialismo norteamericano y ante las maniobras de sus agencias multilaterales, FMI, BM, Ocde, etc.

“Detrás de cada carencia, la subordinación … Detrás de cada solución la soberanía”. Proponemos los mínimos compromisos siguientes:

  • ü  Desmontar las bases militares estadinenses de Colombia 
  • ü  Definir una política contra el narcotráfico diferente a la impuesta por los gringos desde la década de los 70, siendo aquella un pretexto para entrometerse en los asuntos internos del país que no ha resuelto el problema a pesar de los costos incurridos por Colombia. La solución contra el narcotráfico pasa por hacer próspera y rentable la producción agrícola de tal suerte que el campesino opte por cultivos necesarios y válidos para la seguridad alimentaria nacional; no podemos seguir importando lo que nuestros campos pueden producir.
  • ü  Declarar nulo el TLC con los Estados Unidos y proponer relaciones comerciales de mutuo beneficio con los países que así lo permitan, especialmente con los fronterizos, que implicaría reducción de costos del comercio exterior.
  • ü  La deuda externa pública, misma que el gobierno del cambio ha elevado a límites ultrajantes, declararla como inexistente porque nunca se contrajo para el servicio de la nación ni el pueblo sino para su expolio.
  • ü  Apoyo a la producción nacional sobre la base de reducir importaciones de aquello que localmente se pueda producir para satisfacer las necesidades del país.
  • ü  Poner los sectores claves de la economía en manos del Estado de tal manera que su manejo apropiado oriente el futuro hacia la industria pesada.
  • ü  El sector financiero actualmente parasitario no puede inspirar ni ser el beneficiario de la política económica nacional.
  • ü  La mejor política contra la violencia y la inseguridad parte de medidas que den a la población certeza en la resolución de sus necesidades básicas; no obstante, el que comete un delito debe responder ante la ley existente, ante la sociedad y ante las víctimas 
  • ü  El uso de recursos de salud, seguridad social, educación, servicios públicos, recreación, deportes, etc., no puede inspirar el lucro sino el bienestar de las personas para que desempeñen con eficiencia su actividad diaria correspondiente, de tal suerte que un trabajo regular y permanente le genere los recursos suficientes para dar la estabilidad que su familia necesita.

CONCLUSIÓN

NO ENCONTRANDO CANDIDATO ALGUNO CON ESTOS MÍNIMOS COMPROMISOS,

TAMPOCO, ENTONCES, HAY POR QUIÉN VOTAR


Si decide acudir a las urnas, le invitamos a anular el voto cruzando el tarjetón en X como lo muestra la imagen

 
Votemos o no —recordemos que normalmente el 50% o más de los electores no acude a las urnas— Colombia tendrá presidente, quien, con las predecibles diferencias respecto de sus rivales perdedores, en lo esencial gobernará como advirtiera Lenin: “El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”. Para el caso colombiano, administrará principalmente los negocios de la oligarquía y los terratenientes, clases colaboracionistas e intermediarias del imperialismo norteamericano.

Finalmente, los verdaderos cambios requeridos por el país dependen de la actitud de todos y cada uno de los colombianos; que, en lo que concierne a la clase obrera, empieza por la construcción de su partido, el partido del proletariado, capacitado para atraer y organizar al resto de trabajadores y productores de la ciudad y el campo en un frente popular proclamado para socavar de raíz la institucionalidad que vivimos y edificar una nueva democracia de obreros, campesinos, pequeños y medianos propietarios productores nacionales y demás personajes antiimperialistas. En el futuro próximo, constatados por el pueblo colombiano los logros de la sociedad de nueva democracia, el socialismo será un atractivo y una necesidad para todos.